Bulgaria: mi lugar de trabajo (I)

por rkalavi

El centro en el que trabajo es un Colegio de lenguas europeas. Los alumnos estudian el plan de estudios normal + una lengua principal (con literatura) + 2 secundarias. Hay unos 5 o 6 grupos de cada curso (uno por lengua), así que podéis imaginar cuántas se enseñan: inglés, francés, español, ruso, alemán ( y alguna se me debe escapar). Los alumnos empiezan con un curso preparatorio 8º (2º ESO – 8º EGB) de “inmersión lingüística” y luego ya… pues van siguiendo. Sí, he dicho siguiendo, no mejorando, porque eso depende de ellos. Como ocurre en España, las ideas del gobierno van por un lado y la realidad por otro. Para que se hagan una idea, en Bulgaria un profesor cobra unas 500 levas o lo que es casi lo mismo 250 euros (es poco, muy poco). Por si esto no bastara para tener unos profesores poco motivados, el presupuesto de los institutos depende de los ayuntamientos y se reparte según el número de alumnos. ¡A ver quién es el guapo que suspende o hace que repitan curso! Porque eso sí, aquí se les hacen exámenes hasta que aprueban, como oyen, ¡hasta que aprueban! (por lo que tengo entendido, por ley). Porque los profesores tampoco son funcionarios, sino contratados directamente por la dirección del instituto. Así que, encima, disponibles para despido. (Al menos, esto es lo que me han explicado)


Yo la verdad es que no sé de cuánto son los presupuestos, pero ya les digo que no pueden dar para mucho. En el Departamento de Español todos los materiales didácticos de los que disponemos han sido enviados por la Consejería de Educación Española en Bulgaria. Sí, nuestro centro es una “Sección Bilingüe de Español” esto significa que uno de los profesores del Departamento es español y que la Consejería nos provee de materiales varios todos los años: lecturas adaptadas, clásicos literarios (que no hacen más que coger polvo, claro), libros de español como lengua extranjera, etc. De folios, cartulinas, bolis, celo y fotocopias, andamos justos, pero oigan, el paraíso en libros. En fin, también mandan DVD’s y los CDs que van con los libros claro… No sé cómo explicar lo desesperante que es tener 30 ejemplares de un montón de manuales y no otras cosas. 

Aunque la verdad es que estar dentro del programa tiene otras ventajas: se les paga un viaje a España a dos alumnos de 8º (preparatorio) durante cinco días o una semana, se organiza un festival de teatro, pueden participar en la ruta Quetzal, hay otro concurso de rutas literarias (se trabaja un autor en clase y si el proyecto gana, los alumnos pasan siete días en España visitando los lugares previstos) y algunas otras actividades que todavía desconozco. Por si preguntáis, sí, tengo alumnos que han vivido en España y otros cuyos padres están allá, buscándose el pan. Una sensación un tanto extraña.

El instituto

Pero les estaba hablando del Instituto… Pueden ver el edificio en las fotos (en noviembre, a mi llegada). Mola. Por fuera y por dentro. Mola porque es un instituto de los tiempos de maricastaño, con tres pisos de escaleras y unos pasillos enormes. Además hay plantas en todos los niveles (ellas no se mueren de frío) y se está calentito (lo que en este país, es de agradecer y mucho). Las clases son pues casi como todas, con sus pupitres, su mesa del profesor (muchas con tarima), su pizarra, sus ventanas y sus videocámaras. Sí, he dicho videocámaras. Todas las clases se graban ¿por qué? No lo sé, pero así es. Yo, de vez en cuando, mando saludos. 


Si repasan la lista del párrafo anterior verán que no he dicho ordenadores, ni mapas (que haberlos haylos, guardados todos en una habitación de la que supongo los profesores tendrán llaves), ni proyectores ni nada de eso. 


Tenemos dos cafeterías, una fuera y otra en el sótano, a precios populares, por supuesto y una máquina de café en la planta baja. Y es que aquí hay máquinas de café en todas partes. Del instituto al centro he contado 5 o 8 según el camino (veinte minutos, la mitad por parque).